Cultura en el MERCOSUR: ¿Integración cultural Vs. Integración económica?
La siguiente cita nos parece que es interesante para abrir la cuestión:
“La discusión en torno al MERCOSUR ha girado en torno a dos modelos: mientras uno supone la construcción de una 'Zona de libre comercio', el otro habla de una integración regional. El primer modelo está más cerca de lo planteado en el TLC o NAFTA mientras el segundo se parecería a la integración de la Comunidad Europea. En un caso estaríamos en una situación donde lo negociado serían aranceles, circulación de bienes y eventualmente de personas pero no iría más allá de acuerdos económicos. En el segundo caso, la integración sería mucho mayor y obligaría a una serie de paulatinos acuerdos y convergencias que no se limitaría a lo económico sino que podría incluir lo político y lo social" (Achugar y Bustamante 1996: 127).”
La integración comercial de la región como parte del proceso de globalización puede realizarse sin obstáculos mediante la libre circulación de bienes y la fijación de aranceles externos comunes. Pero la integración regional no se reduce a conformar un mercado común, sino que exige la expansión de un mercado interno, políticas proteccionistas y planificación participativa dentro un encuadre regulatorio proporcionado por los estados nación declinantes. Ello supone la existencia de marcos institucionales legítimos y de sociedades cuyas normas de convivencia den reconocimiento a la pluralidad de intereses en juego. Estos requerimientos no condicen con las actuales pautas económicas y culturales del proceso de globalización / regionalización en el área. Integración regional y globalización entran así en una contradicción donde los apoyos regionales se ven constreñidos por su misma realización de lo global (Cfr.Achugar y Bustamante 1996). La prevalencia de los aspectos económicos por sobre la dimensión cultural pone en entredicho la posibilidad de una efectiva integración regional.
En este sentido, el apartamiento de la gente de las esferas de información, discusión y decisión, obstaculiza la construcción de identidades, sujetos y ámbitos democráticos. Si la integración regional ha de realizarse en pro del bienestar del pueblo y no sólo para un crecimiento económico que al momento les es ajeno, los aspectos culturales de la integración no pueden no ser tenidos en cuenta. En este sentido es fundamental que los procesos de formalización de los acuerdos del MERCOSUR, tengan en cuenta la necesidad de recrear los espacios públicos de negociación y de contribuir al afianzamiento de sociedades pluralistas.